Opinión  
Kiko Argüello en la catedral
Autor: Luis María ANSON
Fuente: La Razón 5/5/aaaa

A los 19 años, Kiko Argüello abandonó la casa paterna por discrepar del sentido religioso de su familia. Se proclamó públicamente ateo, lo que, en la plenitud del franquismo, no era precisamente fácil. Fue discípulo de Sartre.

Estudió Bellas Artes y se convirtió en un cotizado pintor de vanguardia, sobre todo por sus desnudos nihilistas. En 1961 ganó el Premio Nacional de Pintura y la crítica más intelectual se volcó en elogios. Lo recuerdo muy bien. Yo hacía crítica de arte por aquella época y Kiko Argüello era, junto a los artistas de la Escuela de Madrid y del grupo El Paso, pintor de referencia para el sector de la juventud que se escabullía de los dogmas culturales franquistas.

Después se produjo la conversión religiosa. Ante la crueldad del mundo moderno hacia los desfavorecidos, Argüello regresó al manantial evangélico. Con su Biblia, su guitarra y sus pinturas lo dejó todo y se fue a vivir a una chabola de Vallecas, en Palomera Alta. Allí empezó a predicar la palabra de Dios a toxicómanos, mendigos, prostitutas y marginados del más vario pelaje. Después, con la colaboración de Carmen Hernández, fundó el Camino Neocatecumenal que se ha convertido en uno de los movimientos católicos más sugestivos del mundo, sobre todo entre la juventud. Cuenta ya con cerca de dos millones de fieles y veinte mil comunidades, no sólo en Europa, sino, sobre todo, en América, Asia, África, Australia y Nueva Zelanda. Un asombro. Kiko Argüello nunca dejó de pintar y en la parroquia neocatecumenal de Jerusalén o en Santa Catalina Labouré de Madrid sus pinturas murales han merecido general reconocimiento.

Ganó, en fin, un concurso para pintar el ábside de la Almudena. Pero estaba claro lo que iba a pasar. El Kiko Argüello ateo, Premio Nacional de Pintura en 1961, se hubiera ganado el encendido aplauso. El Kiko Argüello católico, al frente del movimiento neocatecumenal, tenía que cosechar la repulsa. Lo más sorprendente es que una buena parte de los comentaristas que le fustigan no han visto sus pinturas en la Almudena y sólo las conocen, tal vez, por algunas fotografías de periódico.

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