Opinión  
Algunos braman
Autor: Luis María ANSON
Fuente: larazon.es 4/13/aaaa

La pasión de Cristo de Mel Gibson ha triunfado de forma arrolladora. Se ha situado ya entre la media docena de películas con más éxito de la historia del cine. Como El Señor de los Anillos o El Retorno del Rey, del católico Tolkien. Juan Pablo II, después de movilizar en España a más de dos millones de madrileños en un solo acto y a un millón de jóvenes en otro, no ha querido dar la satisfacción de morirse a la progresía de salón, la del caviar, la pedantería y el domperignon. Y ahí anda el hombre cumpliendo escrupulosamente su ministerio pastoral. Doce millones de españoles acuden a misa los fines de semana, más que cada cuatro años votan al partido vencedor en las generales. El ochenta por ciento de los padres elige el estudio de la religión católica para sus hijos, mientras las comunidades de base cristiana, las ONG religiosas, el camino neocatecumenal, vertebran a la juventud española, cada vez más lejos de las ofertas cutre de la televisión.
Y ahora la Semana Santa, con su explosión de fe religiosa en los oficios y las procesiones. ¿Qué diría Llamazares si en diez mil pueblos y ciudades de España, copiosas multitudes asistieran al paso de imágenes de Lenin o Stalin? ¿Qué no reclamaría como reconocimiento de una realidad que se repite todos los años?
La Iglesia católica se enfrenta, como siempre, con graves y profundos problemas de todo tipo. Comete errores y, en ocasiones, vacila. Pero el balance de su presencia real en el mundo, y también en España, es altamente positivo. Y negar eso con la cantinela anual de que la Semana Santa se ha paganizado y que los ciudadanos aprovechan estos días para irse de vacaciones al campo o a la playa no es de recibo. La gente tiene ahora dinero y derecho a la vacación y al ocio, que no es incompatible con la impresionante manifestación externa de religiosidad que significan las procesiones de Semana Santa en toda España. Aunque a algunos esa realidad les haga bramar.

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