Opinión  
La crítica literaria en la prensa
Autor: Adolfo Torrecilla
Fuente: Aceprensa 2/19/aaaa

Hemos pasado tantos años hablando de la muerte de la novela y de la literatura que, al final, el que se está muriendo es el crítico literario: su papel es cuestionado por todos los sectores de la industria cultural y los mismos críticos no tienen claro cuál es lugar que ocupan en el espectáculo de la literatura. Sin embargo, a pesar de los pesares, la labor del crítico es hoy más necesaria que nunca, pues alguien tiene que intentar poner un poco de orden en el gallinero de las novedades editoriales, donde han irrumpido las estrategias del marketing. Como ha escrito Mario Vargas Llosa, también crítico literario, “el crítico tiene que decirle al lector que hay jerarquías”.


Un reciente libro, La crítica literaria en la prensa (1), toma el pulso a esta actividad mediadora entre la edición y los lectores. Un grupo de críticos, quizás los mejor valorados en España (Rafael Conte, Juan Antonio Masoliver, Jordi Gracia, Fernando Valls, José Carlos Mainer...), reconocen las dificultades que vive la crítica literaria en el contexto cultural actual, pero, hoy más que nunca, reivindican su indispensable misión de orientar a los lectores.

El crítico como mediador

Nadie parece estar satisfecho con el trabajo de los críticos literarios: los editores apenas dan importancia a su labor, aunque hacen todo lo posible para que los críticos formen parte de sus calculadas estrategias de promoción y publicidad (para el crítico Santos Sanz Villanueva, profesor de literatura en la Universidad Complutense y colaborador de diferentes publicaciones periódicas, “a las editoriales les gustaría que los críticos fuesen el brazo armado de sus departamentos de promoción”); con los autores, las relaciones son más tensas, pues éstos discuten la autoridad de los críticos para valorar sus libros, y les acusan de ser meros escritores frustrados y resentidos; los lectores prefieren otros canales para informarse sobre las novedades literarias –el boca a oreja y los consejos de los libreros–. Además hay que reconocer que muchas críticas que se publican hoy día son meros ajustes de cuentas u oscilan entre la simple paráfrasis del libro y la glosa amistosa.

Todos los ensayos parten de la realidad antes mencionada. Para Jordi Gracia, profesor en la Universidad de Barcelona, crítico y autor de diferentes estudios literarios, “la crítica periodística es un subgénero que consumen fundamentalmente críticos y autores, y sólo en un lugar muy secundario otros lectores”. En principio, todos destacan que la crítica literaria es un servicio de carácter cultural. Sin embargo, la realidad parece ir por otro sitio.

El objetivo de la crítica no es, sin más, lanzar un juicio rotundo, sumarísimo, sino motivar un diálogo vivo entre los escritores, los críticos y los lectores, aunque algunos críticos reclamen un cierto grado de contundencia en las valoraciones finales. Su papel de mediador es evidente, y más en un momento de saturación de títulos del mercado editorial.

Desarmado ante el “marketing”

Las nuevas estrategias de la industria editorial arrinconan el valor de la crítica o la reducen a sus posibilidades publicitarias. Para el editor Mario Muchnik, “la crítica, como medio de promoción de un libro, tiene la ventaja de ser casi gratis”. En esta línea actúan los premios literarios, que han sustituido su función de descubrir nuevos valores por los fines de la publicidad. Ante los premios literarios –quizá el mejor ejemplo de cómo funciona el marketing editorial– poco puede hacer la crítica literaria. Para Sanz Villanueva, “frente al conjunto de recursos al alcance del editor para promocionar un autor o una obra, el crítico representa bastante poco. Una campaña publicitaria bien organizada hace relativamente inútiles los comentarios desfavorables del crítico”. Y se atreve a poner un ejemplo muy evidente: “Una actitud bastante unánimemente negativa de la crítica frente a una novela galardonada con el Planeta no influirá casi nada en la difusión y venta del libro”.

Otra estrategia es la proliferación de listas de los libros más vendidos en diferentes medios, listas que tienen más importancia de la que parece. Estas listas orientan a los lectores ávidos de actualidad, cuyo único deseo es estar a la última (esos malos lectores de los que hablaba C.S. Lewis en su ensayo La experiencia de leer). Pero curiosamente, como denuncia Rafael Conte, que sabe de lo que habla, estas listas “no están jamás bien elaboradas desde el punto de vista de la estadística industrial”. Su confección admite todo tipo de corruptelas, que las editoriales aprovechan para intentar colocar a sus escritores más mediáticos o a los best-sellers, donde hay más dinero en juego.

Para complacer a los editores

Otro factor determinante es que, salvo excepciones, los críticos no suelen elegir los libros que tienen que reseñar. Y como los periódicos no quieren tener problemas ni con las editoriales (que se gastan su dinero en publicidad), ni con los autores (que pueden ser hasta colaboradores de ese medio), se evita la posible confrontación, y de los autores y libros que pueden provocar polémicas se suelen encargar críticos que no van a dar muchos problemas. En uno de los ensayos de La crítica literaria en la prensa, Luis Beltrán, profesor universitario en Zaragoza y director de la revista Riff-Raff, cita unas palabras del crítico Josep Maria Ruiz Simón publicadas en La Vanguardia: “Algún día habrá que hablar de los suplementos literarios que dosifican las críticas negativas para no disgustar a los editores que amenazan con retirar su publicidad de las páginas de estos suplementos si estas críticas aparecen”.

Otras tácticas resultan también muy eficaces. Conscientes de la escasa repercusión de las críticas en el éxito de una obra, los departamentos de promoción de las editoriales prefieren echar el resto en las presentaciones de los libros, donde lo que predomina son las informaciones preparadas por la propia editorial y las declaraciones del autor. También se fuerza por todos los medios que se publique una entrevista con el autor. Para Jorge Herralde, director de la editorial Anagrama, “en el gremio existe la convicción de que la crítica no es fundamental para el lanzamiento de un libro, sino un conjunto de operaciones mediáticas varias, no confinadas en los suplementos literarios”.


(1) Domingo Ródenas (ed.). La crítica literaria en la prensa. Marenostrum. Madrid (2003). 325 págs. 15 €.
El punto de partida de este libro son los cursos de postgrado que sobre este tema y desde el año 2000 organiza la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. El volumen está dividido en dos partes muy distintas. La primera es un conjunto de ensayos relacionados directamente con la crítica literaria de actualidad; la segunda parte es una antología de textos sobre la crítica literaria de autores de finales del siglo XIX hasta el término de la Guerra Civil: Clarín, Azorín, Andreinio, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Enrique Díez-Canedo, Antonio Marichalar, Guillermo de Torre...

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