Opinión  
Homosexual
Autor: Cristina Alba Michel
Fuente: opinadigital.com 2/17/aaaa


Nadie sabía por qué Ted parecía siempre vuelto hacia dentro. Por qué, mientras crecía, parecía enredarse cada vez más en torno a sí.

No todos se daban cuenta de esto, pero entre quienes lo notaban, algunos culpaban al padre y otros más a la madre: que si eran dominantes, o demasiado débiles; sobreprotectores tal vez. Mientras, los dos hermanos de Ted crecían normalmente...

A Ted le suponía mucho esfuerzo y sufrimiento salir: para hacerlo, tenía que fingir que era igual a los demás, a veces -dice- tenía que fingir que era feliz, y reía como el que más. Pero al final de cada salida, el esfuerzo le agotaba y de nuevo terminaba retrayéndose.

Así fue como -cansado- optó por encerrarse. No quería escuchar más, ni fingir más. Se metió muy dentro, como en un armario y ahí, aislado, hermético y seguro -se creyó seguro- se lanzó al mundo a darse de frente con la realidad. Al menos él creyó que, encerrado así, podría ver de frente la realidad.

Quienes llegaban ante su puerta, muchas veces se daban de topes. Otros se cansaban de tocar, pero él no escuchaba o pretendía no escuchar. Y aunque se daba cuenta que necesitaba abrirse a los demás, prefirió seguir ahí, solitario. Un día sintió que se ahogaba dentro y, antes que asfixiarse, se decidió a abrir la pesada puerta y salir. Esta vez pensó que bastaba salir del armario para vivir, para ser feliz. Pero estaba demasiado acostumbrado a sí mismo, o tal vez -cuenta- estaba demasiado herido o era demasiado orgulloso y no quiso pedir ayuda, aunque sabía que la necesitaba. Estaba tan acostumbrado a enredarse en torno a sí, que al mirar hacia otros sólo contemplaba su propio rostro; cuando decía amar a otros sólo amaba su imagen en el otro; cuando extendía sus brazos para abrazar al otro, sólo se abrazaba a sí mismo y, en lugar de dar la vida, con el tiempo se dio cuenta que moría.

Hoy dice haber pensado que todo era cuestión de salir del armario. Dice que nunca quiso entender que la muerte era enredarse en sí mismo hasta ahogarse, que nunca quiso comprender que la vida se alcanza, no cuando cambias lo que no se puede cambiar, sino cuando se abren los brazos al que está afuera, al que es diferente, al verdaderamente otro.

Ted contrajo el sida. Desgraciadamente el diagnóstico llegó tarde, a partir de una afección en el Sistema Nervioso Central.

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