Opinión  
Laicismo, laicidad y tolerancia
Autor: Josep-Ignasi Saranyana
Fuente: La Vanguardia (Barcelona) 1/19/aaaa

Amadeo de Fuenmayor, ya civilista famoso, publicó un trabajo con este título, hace cuarenta años, en una revista barcelonesa. Me ha venido su recuerdo al leer la paradójica afirmación de Jacques Chirac: "Francia es el santuario del laicismo". He olvidado la tesis de Fuenmayor; pero no la rotundidad del rótulo, que me quedó grabado para siempre.

Señala la distinción entre laicismo y laicidad, que vendrían a ser, en coordenadas civiles, lo que son secularismo y secularidad, en jerga teológica. Ya me he ocupado de estas cuestiones en otras "tribunas"; pero, el tema es tan candente, que vale la pena volver.

Una viñeta de Máximo en "El país" incidía, a su manera, en el tema: "Paz en la tierra si Dios quiere y la autoridad no lo impide". El dibujo ilustraba un trabajo de Alain Touraine, titulado: "El laicismo: regresión o progreso". Unas declaraciones a "La Vanguardia" de Josep M. Martí Bonet, comisario de la exposición de arte religioso del Fòrum 2004, también reflejaban la polémica: "La hemos organizado sin ganas de hacer apología".

¿Por qué tanta discusión ahora y tantos temores? No por el preámbulo de la constitución europea, ni por el uso del shador en Francia. El debate expresa, sin más, que no se puede obviar la cuestión religiosa. El centenario de Kant, que vamos a conmemorar, lo pondrá de relieve nuevamente. La religión es una de las constantes de la historia humana, con sus lógicas repercusiones sociales, por mucho que el laicismo se empeñe en silenciarlas.

La fractura que se detecta en España (no en Italia, ni siquiera en Francia) entre la práctica religiosa corriente y las elites culturales (Universidad, política, arte y medios) es para admirarse. Los alardes por orillar lo religioso rayan, a veces, en lo grotesco. Como aquel comentario atribuido a Santiago Carrillo: "Mire usted, yo sigo siendo ateo, gracias a Dios". Dejemos que lo natural (y lo sobrenatural) se expresen con naturalidad, ya que no podremos evitarlos.

Volver