Opinión  
Pilatos, el santo patrón de los progresistas
Autor: Eulogio López
Fuente: hispanidad.com 12/23/aaaa


No encontrarán ustedes ninguna información como la que realiza desde Roma Jesús Colina y la gente de la Agencia Zenit (por cierto, ahora en campaña navideña para obtener más suscriptores. Colabore, que es gratis, y a ellos les otorga fuerza en el vastísimo, que no bastísimo, mundo de Internet). Simplemente, al Sistema Informativo no le interesa publicar este tipo de informaciones. ¿Quieren saber ustedes qué es políticamente incorrecto? Pues, políticamente incorrecto es que, mientras Jacques Chirac, un hombre para la historia menuda de Francia, que comenzará a ser olvidado 24 después de su cese, decida suprimir los símbolos religiosos de las escuelas francesas, haya una mini agencia periodística, con sede en Roma, que tenga los redaños suficientes para publicar información como la que pueden ustedes leer pinchando aquí. A ningún líder occidental parece preocuparle que en tantos países, de Oriente y Occidente, no se respete el derecho a la libertad religiosa, el segundo de los derechos fundamentales (después del derecho a la vida).
La libertad de creer y la libertad de pensar son una misma cosa, aunque tantos apóstoles del racionalismo contemporáneo, llamado hoy relativismo, o simplemente progresismo, se empeñen en oponer razón y fé. Y esto, no sólo porque la fe es racional, sino porque el pensamiento del hombre es necesariamente dogmático, como propio de un ser que no puede dar razón de su propia existencia y que es incapaz de pensar desde la nada. Repitamos: No es que el pensamiento racional debe o no deba ser dogmático, es que es dogmático y no puede ser ninguna otra cosa.
Por eso, sólo por eso, la libertad de pensamiento y la libertad de creencia es exactamente lo mismo. Es más, la alternativa, su gran aventura intelectual, consiste en escoger entre dos formas de pensar, ergo, dos formas de vivir: o pensamiento dogmático o pensamiento circular. El dogma, que le viene dado desde fuera, otorga al hombre los cimientos sobre los cuales construir su pensamiento y sus sistemas lógicos.
El pensamiento dogmático genera la alegría de avanzar, la superación del vértigo existencial y el consuelo de la sabiduría, de estar seguro de algo. El dogma representa los cimientos. Cuando el edifico está construido, uno confirma, racionalmente, la validez de esos cimientos, capaces de soportar toda la estructura visible y tangible. Porque la exaltación de la duda queda muy bien, pero la duda es un peñazo horrible, una tortura manifiesta, que sólo existe para ser superada. El único encanto que produce la duda en el ser humano es la esperanza de dejarla atrás para alcanzar la certeza, la verdad. El pensamiento circular lo único que provoca es un mareo tremendo y la urgente necesidad de biodramina, tras la frustración permanente que provoca el pasar una y otra vez por el mismo punto, en busca de una certeza que se escapa a cada instante, como el agua entre las manos.
Y, lógicamente, sólo el dogmático es tolerante. Puede examinar la validez y la certeza del dogma del que partió y de la conclusión al que llegó, y lo hace una y otra vez. El relativista, el que no cree en nada, tampoco tiene nada que poner a prueba, salvo su propio vacío. Todo por negarse a conocer la realidad, como el comodón de Pilatos: ¿Qué es la verdad?
Y así, mientras en Egipto (los datos, en Zenit), en Paquistán, en China, en Arabia, en Indonesia, en La India, en el África Negra, se masacra a los cristianos, los cristianos occidentales nos dedicamos a prohibir el velo islámico en las escuelas, más que nada porque, en pro de la injusta igualdad surgida del pensamiento circular, de esa forma pueden prohibirse los crucifijos, que era de lo que se trataba.
Todo de lo más racional, porque, insisto, el racionalismo siempre ha resultado muy poco razonable y muy pedante.


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