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Raniero Cantalamessa: «A pesar de su sufrimiento físico, el Papa no deja de asistir a ningún acto»
Autor: Pablo Cervera/ Álex Navajas
Fuente: La Razón 12/22/aaaa

Los viernes de cuaresma y adviento, Juan Pablo II, la curia general y algunos religiosos asisten en el Vaticano a una plática de este capuchino que abandonó la cátedra universitaria para entregarse de lleno a la predicación. «Fue a partir de 1980, tras mi "segunda conversión", después de haber conocido la Renovación Carismática», rememora. Pero no sólo el Papa disfruta con sus palabras. «Un capo de la Mafia comenzó a ver mis programas en la televisión e inició un camino espiritual de conversión muy humilde», dice sin darse ninguna importancia. Historias similares las tiene a cientos, como recoge en su libro «Querido Padre» (editorial Monte Carmelo). Ayer participó en Madrid del homenaje a Juan Pablo II en el XXV aniversario de su pontificado, que organizó la Conferencia Episcopal.

¿Cómo se encuentra el Papa de salud?

Anteayer le vi tras la meditación. Había recibido a varias familias y no le vi en mal estado. Le comenté que venía a España y me dio su bendición y un recuerdo muy especial para el país. Pero ya se sabe cómo está de salud: tiene un estado muy particular. Pese a su gran sufrimiento, no deja nada de lado. Esta Navidad sólo ha suprimido la misa vespertina del día 25. Y eso que han luchado por convencerle para que no celebrara todas las ceremonias.

¿Pero se queja de sus dolores?

Nunca he escuchado ni la mínima alusión a su enfermedad. Recuerdo que una vez le preguntamos si quería que rezáramos por su salud y respondió: «La enfermedad también es una gracia de Dios».

¿Y su «salud espiritual»? ¿Realmente es un «gigante de la fe», como le han descrito muchos?

Su grandeza es sobre todo espiritual. El manantial de su fuerza es la oración. Todas las mañanas está de rodillas en su capilla privada. Así ha sido desde el principio de su pontificado. Cuando te lo encuentras, parece que siempre está en diálogo con Dios. Se percibe cuando viene a la meditación, que va rezando el Rosario. Uno se pregunta de dónde saca el tiempo para todo lo demás.

¿Qué es lo que más alegra y preocupa al Papa?

Lo que más le alegra, sin duda, es el contacto con los jóvenes. Con ellos recobra la vitalidad. Le precopa la situación del clero y la guerra. Cada domingo hace alguna mención a la guerra en el Ángelus. Además, los escándalos que ha habido en los últimos tiempos le han hecho sufrir mucho.

Hablemos de su faceta de predicador. Muchos feligreses se quejan de que «los curas predican mal»...

Muchos predicadores no dan a la predicación la importancia que se merece. En eso las iglesias protestantes nos ganan porque para ellos se trata del ministerio más elevado, mientras que para nosotros es uno de los últimos. Además, nuestras predicaciones suelen ser muy abstractas. No se concretan en la vida diaria. Me he dado cuenta de ello en la televisión: no se pueden hacer grandes razonamientos: hay que hablar a la gente de sus problemas.

Y así, ha conseguido tener tres millones de audiencia...

El éxito depende de que la Palabra de Dios hable en concreto para las personas. Así es como la Palabra de Dios toca a la gente.

Decía C. S. Lewis que muchos cristianos predican el cristianismo pero que no predican a Cristo...

La fuerza de la predicación reside en predicar la Palabra. Es una obviedad, pero muchos predicadores la emplean simplemente para embellecer una homilía en vez de dejar que emerja directamente de la Palabra. Cuando he hablado en Alemania, por ejemplo, me he dado cuenta de que la gente está harta de erudición, y pide a gritos algo espiritual.

Usted experimentó una «segunda conversión» cuando conoció la Renovación Carismática. ¿Cómo ve a los movimientos que están surgiendo en la Iglesia?

Son unos laboratorios de santidad. Se trata de una nueva ola en la Iglesia y lo nuevo produce un rechazo inicial. Además, hay que purificar a los movimientos: no todo en ellos es santo. Pero la solución no es eliminarlos. El Papa habla de la «nueva primavera de la Iglesia» y, en gran parte, los que ayudan en las parroquias son laicos de los movimientos. Ellos son parte de la solución del problema. A mí la Renovación Carismática me ha cambiado la vida. Si no fuera por ella ahora sería un profesor jubilado. Y no sólo los movimientos: algunas familias que he conocido están realmente convencidas de que se puede ser santo.

Y ¿cómo ve la situación aquí?

En España hay raíces demasiado profundas como para ser arrancadas. En el futuro habrá menos cristianos pero aumentará la calidad: los que sean, lo serán plenamente.

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