Opinión  
Los fanáticos
Autor: Adolfo Carreto / www.avmradio.org
Fuente: periodismocatolico.com 12/11/aaaa


El fanático no adora: maltrata; no expone la vida por sus ideales: expone la vida de los demás. No cree: dogmatiza. No discierne lógicamente sino que utiliza como única lógica, la fuerza.

El fanatismo está trayéndonos por la calle de la amargura. El fanatismo que es uno y único, aunque disfrazado en mil trajes, bajo mil excusas, amparándose en cuanta sin razón cunda de por medio. El fanatismo que en todas épocas ha habido pero que en ésta se ha desbordado de tal forma que atenta contra la convivencia social. El fanatismo, desgraciadamente, se ha globalizado, y se ha idealizado. Estamos a merced de los fanáticos.

Hace años escribía ya al respecto con motivo de un famoso concierto que el guitarrista británico Eric Clapton dio en Roma. Su música enloquecía, en el más literal de los sentidos. No de otra forma se podía entender el hecho de que “mientras 14 mil espectadores escuchaban tranquilos su música, otros miles de aficionados se enfrentaban a la policía con piedras, botellas y cócteles Molotov por no poder escuchar el concierto. Sucedió en Roma. Pero sucede hoy en cualquier parte del mundo, con cantantes, deportistas, futboleros y una enorme gama de exaltados que andan por la vida derrochando muerte. A muchos los llamamos terroristas, y yo creo que todos lo son. ¿Qué es el muchacho que en La Coruña mató a un compañero luego del partido de fútbol?

Me encamino al Diccionario Político, de Haro Tecglen, porque me gustan sobremanera sus definiciones descriptivas. Encuentro allí la definición de fanatismo: “una actitud psicopatológica que puede mostrarse en muy diversas causas –el deporte, la canción, los toros-, pero que cuando se manifiesta en política o en religión puede ser extremadamente grave”.

Recuerdo ahora la noticia sobre los fanáticos de Eric Clapton y no puedo menos de avergonzar, por lo absurdo: intentan lincharse unos a otros, intentar linchar a la policía que intentaba poner orden e intentar linchar a los organizadores del evento porque se habían agotado las entradas, no deja de ser un linchamiento vergonzoso. El fanático, sea fanático de lo que sea, es capaz de cualquier cosa; en definitiva, un matón.

Al fanático le asiste una sola razón. Descuartizar, a golpe y porrazo, verbal o físicamente, al adversario. Un adversario muchas veces no real sino inventado. Porque, una de las características del fanático es inventarse adversario, contrincantes, profanadores del dios-ídolo-fetiche al cual él cree rendir culto.

El fanático no adora: maltrata; no expone la vida por sus ideales: expone la vida de los demás. No cree: dogmatiza. No discierne lógicamente sino que utiliza como única lógica, la fuerza. El fanático es muerte. Hay que enseñarle la estrofa de machado: “tu verdad, no; la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”

Volver