Opinión  
Armando Ruiz, de diputado en Arizona a líder en la Nueva Evangelización
Autor:
Fuente: piensaunpoco.com 12/9/aaaa

Armando Ruiz ha sido un político de éxito durante diez años en Estados Unidos, pero actualmente es el líder internacional de los Ministerios de María, un movimiento especializado en formar líderes católicos con una visión global para dirigir e inspirar a la Iglesia ante el nuevo milenio. El sistema de Ministerios de María consiste sobre todo en formar a formadores, y dar cursos de primera evangelización que capacitan además, para transmitir más conocimientos, con mucho énfasis en la evangelización de los alejados. Armando Ruiz tantea el terreno para extender el modelo en España. Pablo J. Ginés Rodríguez le ha entrevistado en Barcelona. Ofrecemos un resumen de la entrevista aparecida en el Boletín de E-Cristians.

-¿Tienes una historia de conversión personal, de cambio de vida?
-Sí. Mis padres nos criaron como tantos otros padres católicos. Asistimos a escuelas católicas en la primaria, en la secundaria, en la universidad, y formábamos una familia muy católica. Pero el mundo arrastra. Después de graduarme, me preparaba para ser abogado, aunque no era lo que me convencía, y recibí mi primer golpe en la vida, muy fuerte: me separé de mi esposa y después nos divorciamos. Hice una campaña para entrar como diputado en el Gobierno de Arizona, y me eligieron. Yo tenía 25 años de edad, muy joven. Me tomé el cargo muy serio, como servidor público, pese al desorden de mi vida privada. Comencé a tener éxito en la política y en las cosas del mundo.

-¿Cuánto tiempo dedicaste a la política?
-Estuve diez años de diputado y, los últimos dos, como senador estatal. Los del Partido Demócrata (sigo siendo demócrata) estábamos en el poder. Tuve una hija con una mujer, sin casarnos. Y después me casé con otra, mi segundo matrimonio. Y me divorcié, mi segundo divorcio. Ganaba fama en mi vida pública mientras que en mi vida privada, ante Dios, estaba muy perdido.

-¿Puede un político cristiano defender la enseñanza de la Iglesia llevando una vida familiar pagana, no cristiana?
-Es muy difícil defender lo que no vives. Yo en temas sociales era liberal, en el sentido en que se usa la palabra en Estados Unidos: que el Gobierno debe pagar la sanidad, por ejemplo… Y en el tema del aborto, yo era de los pocos demócratas que estaba contra el aborto. Siempre lo critiqué. Grupos que sabían mi pasado me atacaban públicamente por mi postura provida: "¿Cómo defiendes el derecho a la vida tú que no cuidas tu familia?". Resultó que hubo un escándalo en mi partido, con 7 diputados y senadores que se financiaban ilegalmente, y el partido me nombró para ocupar el puesto de senador de uno de los expulsados.
-¿Cómo fue tu conversión?
-Fui a México DF con un grupo de senadores para negociar el tratado del NAFTA. Llegamos un viernes y, apenas habíamos llegado, fuimos a la misa de la noche en la Basílica de Guadalupe.

Después de la misa fui detrás del altar, donde está la imagen de la Virgen de Guadalupe, con unas escaleras electrónicas para que la gente no se quede quieta frente a la imagen. Pues bien, no había nadie, algo imposible porque aquello siempre está lleno. Y las escaleras no funcionaban. Así que pude ponerme tranquilamente enfrente de la tilma. Y empecé a orar y tuve una experiencia muy fuerte. Sentí que la Virgen me pedía algo para su Hijo Jesucristo. Yo tenía fama de tratar mal a las mujeres, y mi vida no era ejemplar en ese sentido. Pero Dios trabaja de forma inesperada. Yo a mí mismo no me podía perdonar, porque me sentía culpable de mis errores. Ya sabía cómo era mi vida. Con esta mujer, la Madre de Dios, sentí su llamado y que ella me decía: "Mi Hijo Dios te perdona por todo lo que has hecho". Esta experiencia me cambió la vida.
-¿Y te pasaste por el confesonario?
-Eso sería un tiempo después. En aquel momento me quedé pensando: "bueno, ¿y qué es lo que esta Virgencita quiere que haga para su Hijo?".

Cerraban la basílica entonces: había estado sólo 5 minutos aunque me parecía una hora. Me reuní con los otros senadores y, en el hotel, me dije: "Ajá, seguro que lo que Dios quiere es que haga una campaña nacional para ser congresista". Y les dije a los compañeros: "Vamos a meternos a esta campaña para el Congreso". Y comencé mi campaña, mi comité para recaudar fondos, buscar apoyos de otros diputados... Y pensaba, justificándome: "Esto es lo que quiere Dios, que yo tenga más poder en la política". Con 34 años, fama en el partido y los demócratas en el poder, yo estaba lanzado hacia arriba.

Pero interiormente no me sentía bien. En Cuaresma, recuerdo que le dije a mi esposa (mi tercera esposa): "Quizá Dios me está pidiendo algo diferente".

-¿Y qué fue lo que terminó de encauzarte?
-Una señora que yo conocía bien vino a verme y me dijo: "Armando, mi nieto está en prisión. ¡Ayúdanos!". Como yo era senador, pude visitar fácilmente a este joven, de 14 años. Me contó que él había matado a su medio hermano, que había sacado un cuchillo de cocina en una pelea y lo mató. Quería llorar, se escapaba una lágrima pero no podía demostrar debilidad en la cárcel. Era Viernes Santo. Y me dijo: "Dios no puede perdonarme". Entonces yo respondí: "Dios sí te puede perdonar, porque me ha perdonado a mí por lo que yo he hecho a las mujeres; en este día un ladrón se robó el Cielo, y Dios te puede perdonar". A él se le salieron las lágrimas y, en ese momento, entendí que Dios quería algo distinto de mí. Entonces dejé la política, algo que había amado quizá más que las dos familias que perdí. Al lunes siguiente avisé al presidente de la Cámara de Senadores sobre mi decisión y dejé mi campaña de congresista y de senador.
-¿Qué consejo das a políticos que piensan eso de "no hace falta que yo sea tan católico"?
-Lo que uno tiene que hacer es ser honesto, ante todo con Dios, y entonces todo lo demás funciona. Lo más difícil es defender lo que uno no vive. Y la gente quiere tener fe en sus diputados, confianza en que nuestros líderes son honestos, líderes morales con integridad. Si eres católico, solamente lo conseguirás si defiendes siempre lo de Dios. El Papa dice que tenemos que ir contracorriente, contra la Cultura de la Muerte.--Redacción. .

Volver