Opinión  
“La Pasión” y Mel Gibson
Autor: Emilio Sanz .
Fuente: Piensaunpoco.com 12/4/aaaa

A mí, las películas que salpican sangre y crueldad no me gustan nada: me levanto y me voy, porque no me da la gana de que me amarguen la vida. El que tenga estómago, autodominio y capacidad de recuperación, que las vea. Yo lo siento, pero en cuanto aparecen visos de cosas que me vayan a herir, me voy a la cama (porque, las pocas veces que veo cine, lo veo en vídeo, en casa, en sábado, por la noche). Tal y como está el patio cinematográfico, me he ido de bastantes películas. No las critico, soy consciente de que algunas son muy buenas, pero lo paso muy mal viendo violencia y prefiero otro tipo de cine.

Acabo de ver en Internet el trailer de la película “La Pasión”, producida por Mel Gibson, y me ha sucedido algo que no esperaba: no me he levantado, ni me he ido: lo he visto dos veces, y me he quedado con unas ganas enormes de que estrenen la película, para verla entera.

Esta película tiene muchísima sangre, crueldad infinita, corazones duros por todas partes. Son escenas que, consideradas una por una y en seco, pueden producir una amargura tremenda.
Presentan el cuerpo de Jesucristo terriblemente herido por la flagelación; el rostro de Jesús aparece desfigurado por los golpes, con un ojo que apenas puede abrir; el reguero de sangre que queda en el suelo de piedra del pretorio de Pilatos es escalofriante; la cara de la Virgen María, en una de las escenas, aparece con las manchas de sangre que han debido de quedar después de dar un abrazo a su Hijo camino del Calvario; el sufrimiento de Jesús en la cruz es sobrecogedor.

Y yo me pregunto: ¿y se puede saber por qué esta vez no me he levantado y me he ido? Confieso que he empezado a ver el trailer con cierto miedo: a ver qué me van a poner aquí… Pero no me ha pasado nada. Quiero decir que no me ha pasado nada malo. ¿Por qué?

Creo que porque soy cristiano y conozco un poco la Sagrada Escritura. Porque soy cristiano y tengo fe. Y la Sagrada Escritura y la fe me dicen que eso que representa esa película ocurrió de verdad o, al menos, de una forma bastante parecida. Llevo siempre un crucifijo en el bolsillo (mucha gente lo lleva al cuello), tengo otro en el dormitorio y otro en el despacho. A diario paso por calles en las que hay iglesias con una cruz en la fachada o en la torre. Veo que la gente se santigua (se hace la señal de la cruz). Cuando llega la Semana Santa las calles de mi ciudad se llenan de gente que quiere ver las procesiones.

Puede suceder que, a fuerza de estar familiarizados con esas representaciones de Jesús crucificado, los cristianos nos hayamos acostumbrado a contemplarlas de modo superficial, sin penetrar en el hondo significado que tienen. Un crucifijo puede ser muy hermoso, pero no hay que olvidar que representa a Jesús roto a latigazos, escupido, empujado, arrastrado, y clavado en el madero.

Quiero ver esa película porque creo que me van a ofrecer, de un modo nuevo, la posibilidad de meditar sobre la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Yo no voy a ver esa película para entretenerme un rato. No voy a verla ni siquiera en plan cultural, como película “de pensar”.

A esa película voy a ir buscando recursos para mi vida espiritual, voy a ir a imaginarme lo que le sucedió al Hijo de Dios, y cómo, y por qué.
Posiblemente, esta es la película con más extras de la historia, porque estoy seguro de que muchos nos vamos a reconocer en algún personaje: en Pilatos, en Judas, en Pedro, en los látigos, en los clavos, en Juan, en el dolor sereno de la Virgen.

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