Opinión  
Pero, ¿dónde están los padres?
Autor: Pablo Alvarez .
Fuente: piensaunpoco.com 11/27/aaaa

El sórdido episodio de Michael Jackson presenta varios planos de análisis, y uno de ellos, no menor, conduce inevitablemente a una pregunta: ¿Dónde están los padres?

¿Dónde están los padres de los chicos que, asombrosamente, van a casa de Jackson, pernoctan allí y, rizando el rizo del absurdo, comparten camita con el artista?

Supongo que a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría dejar a su hijo en manos de la celebridad caída. A no ser, claro está, que se busque un modo fácil de ganar 20 millones de dólares a cambio de una denuncia y el consiguiente acuerdo extrajudicial. Uno, la verdad, ya no sabe de quién fiarse. Pero, Michael Jackson aparte, la gran pregunta continúa siendo: ¿Dónde están los padres?

Ante esos aterradores paisajes de las tardes-noches de los viernes y sábados, con las calles atiborradas de chavales de 12, 13 y 14 años poniéndose ciegos de calimocho de garrafón, surge esa pregunta. Al ver niñas de esas mismas edades, también ciegas de calimocho y ataviadas con microprendas que nada cubren, surge esa pregunta.

Al observar la conducta de algunos -¿muchos?- escolares que suspenden hasta el recreo, atemorizan a sus profesores y, en caso de sanción, son defendidos con uñas y dientes por sus furiosos progenitores, surge esa pregunta. Al conocer que 500.000 niños españoles están viendo cada día la televisión a las doce de la noche, uno se pregunta una vez más: ¿Dónde están los padres?

O sea, que no hace falta acudir al supuesto “caso Michael Jackson” para toparse con situaciones de difícil explicación racional. Dejo el análisis profundo en manos de Josemanuel Tarrío y demás expertos, pero, visto lo visto, aventuro que la abdicación del papel paterno/materno se halla en el núcleo de la crisis de la familia y, por consiguiente, de la sociedad contemporáneas.

Sería fuerte, pero a lo mejor hay que plantearse la posibilidad de imponer multas. Puede parecer improcedente, pero el caso de la violencia callejera de Euskadi es sintomático. Fue cambiar la ley y cargar el coste de los desperfectos sobre los padres de las criaturas, y el problema se redujo drásticamente. Esperemos que no sea necesario llegar hasta esos extremos.

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