Opinión  
Carta abierta sobre la boda del Príncipe
Autor: Marga González Martínez .
Fuente: piensaunpoco.com 11/14/aaaa

Esta carta va dirigida a todos aquellos que durante días mantienen conversaciones acerca de la decisión del Príncipe Felipe de contraer matrimonio con Dña. Letizia Ortiz.

En primer lugar, es manifiesto el interés que suscita esta noticia (un Príncipe no se casa todos los días...) y las opiniones que se generan son perfectamente comprensibles, además, dado que vivimos en un Estado democrático y con derecho a expresarnos libremente, es bueno que existan.

Sin embargo, deberíamos plantearnos la diferencia entre una opinión y caer en la morbosidad de enjuiciar los actos ajenos. Me explico: durante días apreciamos en los distintos medios de comunicación un sinfín de editoriales, columnas, tertulias, y debates sobre la boda del siglo...y más de uno piensa: ¿hasta cuándo?... Bien, yo opino que ¿hasta dónde?. ¿Hasta dónde podemos opinar sobre la decisión de dos personas de contraer matrimonio?... ¿Cuándo detenerse antes de poner en entredicho la moralidad e imagen de las personas?

No cabe duda que no es lo mismo ser Príncipe de Asturias y futuro Rey de España que una “persona normal y corriente”... pero tampoco hay que olvidar que estamos hablando de personas normales y corrientes: con sus costumbres, sus alegrías, sus preocupaciones, con una vida propia de la que en muchas ocasiones no tienen por qué dar explicaciones a nadie... ¿O en este caso sí?
¿Repercute en la monarquía española que Dña. Letizia sea una mujer divorciada de un matrimonio civil? Opino que no. ¿Qué es entonces lo que tanto molesta a la gente? ¿El ejemplo que da a todos los españoles?... Y sigo preguntándome...-perdonad el autocuestionario- ¿desde cuándo las decisiones ajenas, “reales” o no, son ejemplo de moralidad cristiana para los ciudadanos católicos convencidos?

Los que nos llamamos católicos sabemos bien que el matrimonio civil no está reconocido ante los ojos de Dios (que es a Quien realmente hay que dar cuentas de nuestro actos aquí), por lo tanto ¿por qué perder el tiempo preguntándonos si es o no una decisión acertada? ¿Acaso es inmoral enamorarse de una persona que tiene un pasado personal?

Si el problema es para los que no lo tienen tan claro, invirtamos el tiempo en explicarles que en nuestra religión católica existe el perdón, el arrepentimiento y el volver a empezar. Y evitemos el ir contracorriente de forma arrolladora y radical. Que nos conozcan por nuestra comprensión y no por nuestra intolerancia.

No quiero finalizar esta reflexión sin remitiros al pasaje del Evangelio en el que los judíos querían apedrear a una mujer adúltera, y si de verdad sois católicos ya sabéis el final. Si Jesús no condena, ¿por qué lo hacemos nosotros?... y sí, sí que condenamos. No tiremos la primera piedra.--

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