Opinión  
La monarquía irreal
Autor: Evaristo Ruiz Arzalluz .
Fuente: Piensaunpoco.com 11/11/aaaa


El paso que ha dado el Príncipe Felipe compromete el futuro de la monarquía española, y él lo sabe muy bien. Prueba de ello es lo que ha dicho en los escasos tres minutos de comparecencia ante los medios. La Corona sabe muy bien que su servicio al país depende del amor de sus súbditos, que es algo que pertenece al plano de lo emocional, lo intangible, lo irreal...
En la vida hay dos planos, el de lo real (lo que se puede tocar) y el de lo irreal (lo que no se puede tocar pero que existe). Que lo irreal no sea real no quiere decir que no sea importante. Al contrario. Un ejemplo: en TV los productos de ficción (“Cuéntame…”) han desplazado a la hiperrealidad (OT, Gran Hermano). La TV misma, que es ficción toda ella, ha batido récords de consumo: 224 minutos por español y día de media.
La palabra “real” viene de “res-rei,” que quiere decir “cosa”. Igual que “república” (“res-publica”). El sistema republicano está emparentado con el racionalismo, que sólo tiene en cuenta lo que se puede medir, lo real.
La monarquía, en cambio, pertenece al ámbito de lo irreal, de lo sentimental, de lo emocional, pero no por ello menos importante, pues el corazón tiene razones que la razón no entiende.
No soy republicano ni monárquico -cada opción tiene sus ventajas e inconvenientes- pero no me gusta ni que el presidente de una república juegue a ser rey (rodeándose de un halo de intangibilidad, de separación, de sagrado), ni que el rey, que sí es intangible (no se le puede juzgar, ni criticar en los medios) juegue a ser presidente de la república. El presidente es responsable de sus actos. El rey no y justamente por eso tiene que ser mucho más responsable, o sea, ejemplar. Al presidente le elegimos. Al rey no. A un presidente no se le suele amar, se le evalúa en cada legislatura; al rey sí, se le ama o se le detesta.
Si el rey se casa con una plebeya (Ortiz, con zeta real) asume un riesgo: ha descendido uno de los peldaños hacia lo real. Él lo sabe muy bien y por eso no ha descendido el otro peldaño, el de casarse por lo civil, porque si lo hubiera hecho, estaría ya a ras de suelo, en lo real.
No juzgo a Letizia (con zeta irreal), Dios me libre. ¿Que en su día rechazó el Matrimonio y optó por el Ayuntamiento? Si ahora ha cambiado de opinión, hay que alabárselo porque rectificar es de sabios. Si no ha cambiado de opinión y se casa por la Iglesia es porque le parece que Madrid bien vale una Misa. Ella lo sabrá, los demás no, salvo que lo diga o lo reconozca por la vía de los hechos.

La Realeza es más Real que real. Si quiere ser real, dejará de ser Real. Me parece bien la boda del Príncipe, sobre todo en comparación con la opción anterior, pero debe preocuparse de vivir lo que aparenta. Porque entre lo Real y lo real hay un espacio: lo postizo. Y eso, a la larga, se acaba notando.--

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