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El Papa ya es "Juan Pablo II el Grande", dice el Card. Norberto Rivera
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Fuente: ACI 10/28/aaaa

MÉXICO DF, 27 Oct. 03 (ACI).-El Arzobispo de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, señaló que por su testimonio de vida cristiana y todo lo que hace por la Iglesia, el Santo Padre ya es “Juan Pablo II el Grande”.

Debido a un accidente que sufrió en el Vaticano, el Cardenal Rivera no pudo presidir la Misa de homenaje al Pontífice por el 25º aniversario de su Pontificado, pero el Nuncio Apostólico en el país, Mons. Giuseppe Bertello, leyó la homilía que preparó el Purpurado.

El homenaje se ofreció en la Basílica de Guadalupe, que estuvo repleta de feligreses, autoridades y representantes de la sociedad civil. El templo lució un gran pendón con las palabras que el Santo Padre pronunció en marzo de 2003: "Desde que peregriné por primera vez al Santuario Guadalupano el 29 de enero de 1979, Ella ha guiado mis pasos en estos casi 25 años de servicio como Obispo de Roma y Pastor Universal de la Iglesia. A Ella, camino seguro para encontrar a Cristo, quiero invocarla como 'Estrella de la Evangelización', confiándole la labor eclesial de todos sus hijos e hijas de América".

En su mensaje, el Cardenal Rivera agradeció a Dios por el “gran regalo para la Iglesia” que representa el Pontificado de Juan Pablo II, “un don para nuestro mundo y en especial un gran amigo para nuestro México ya que en él hemos visto el grande amor que Dios nos tiene”.

“En esta Acción de Gracias estamos viviendo la comunión con todas las Iglesias esparcidas por el mundo y que en estos días glorifican a su Señor porque a través de estos 25 años han visto y comprobado que el Santo Padre ha sido y sigue siendo una hermosa carta de Dios para el mundo”, agregó.

El Purpurado repasó los aspectos que más interpelan y conmueven de un Pontificado, centrado en el “anuncio de Cristo Jesús, con palabras y en obras” con entusiasmo y alegría en todas las naciones.

“Además de hacer uso de los medios de comunicación para cumplir su misión el Santo Padre ha querido visitar personalmente los países de mayoría católica pero también a las naciones en donde los discípulos de Jesús son una minoría”, recordó el Arzobispo y señaló que “con su testimonio y con su invitación expresa que ha ido comprometiendo a muchísimas iglesias a que emprendan el camino de la nueva evangelización”.

El Arzobispo señaló que “pronto se cumplirán 25 años del primer viaje apostólico de Juan Pablo II a esta Colina del Tepeyac en donde vino a encomendar su misión apostólica a Santa María de Guadalupe, la Morenita, como él, con cariño, frecuentemente la nombra y en donde, según sus palabras, Dios le inspiró el estilo misionero de su Pontificado”.

El Purpurado abundó en el sello mariano de este Pontificado y precisó que su piedad a María “no es solo un sentimiento o una tradición de su cultura y de su vida familiar, tiene hondas raíces evangélicas y de reflexión teológica”.

“La reflexión sobre la Virgen María condujo a Juan Pablo II a afrontar la cuestión femenina en el mundo y en la Iglesia, sobre todo en la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer”, indicó.

Asimismo, aseguró que “una de las muchas características del Santo Padre ha sido su valentía para anunciar el Evangelio aplicado a situaciones concretas en donde contrasta la voluntad de Dios con lo que piensan los hombres”.

“Como el Apóstol Pablo nunca ha buscado adular con palabras, nunca ha buscado algún honor de parte de los hombres sino que ha cuidado de sus hijos como una madre, ha tomado sobre si las críticas e injurias, suscitando sin embargo gratitud, amor y haciendo caer los muros del odio y de lo que nos hace extraños; siempre como Pablo, soporta los sufrimientos para completar en su vida terrena lo que aún falta a los padecimientos de Cristo”, señaló.

“Por esto y por todo lo que hace Su Santidad ya es ‘Juan Pablo II el grande’. Oremos al Señor que lo eligió y nos lo envió como un gran regalo”, concluyó la homilía.

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