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La oración es la fuerza del pastor, recuerda el Papa a los nuevos cardenales
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Fuente: ACI 10/27/aaaa

VATICANO, 22 Oct. 03 (ACI).-Al presidir la Misa que conmemoró el 25to. aniversario del inicio de su Pontificado con los 30 cardenales que creó en el Consistorio de ayer, el Papa Juan Pablo II aseguró a los nuevos purpurados, que la oración da consuelo y fortaleza para superar todas las pruebas de la misión.

En su homilía, leída por Mons. Leonardo Sandri, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado; el Santo Padre sostuvo que frente a los momentos de temor o desaliento, existe la "consoladora promesa del Maestro divino: 'En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo'".

“¡Qué gran valentía infunde el apoyo de la oración unánime del pueblo cristiano! Yo mismo he podido experimentar este consuelo. Esta es nuestra fuerza. También es uno de los motivos por los que he querido que el XXV aniversario de mi pontificado fuese dedicado al Santo Rosario: para subrayar el primado de la oración, de modo especial de la oración contemplativa, hecha en unión espiritual con María, Madre de la Iglesia", señaló el Pontífice.

El Papa también les recordó que "unidad y apertura, comunión y misión son las características de la Iglesia. Ésta es en particular la doble dimensión del ministerio petrino: servicio de unidad y servicio misionero. El Obispo de Roma se alegra de compartir este servicio con los demás sucesores de los Apóstoles, estrechamente unidos a él en el único colegio episcopal".

En este sentido, explicó que "siguiendo una antigua tradición, en este servicio el Sucesor de Pedro se vale de modo particular de la colaboración de los cardenales. En su Colegio se refleja la universalidad de la Iglesia, único Pueblo de Dios enraizado en la multiplicidad de las naciones".

Durante la Misa, el Papa entregó a cada uno de los nuevos Purpurados el anillo cardenalicio, signo de dignidad, de solicitud pastoral y de comunión más sólida con la Sede de Pedro.

Tras agradecer "la válida ayuda" que le proporcionan los cardenales, dijo que "el anillo que os voy a entregar dentro de poco, es símbolo del renovado vínculo que os une estrechamente a la Iglesia y al Papa, su Cabeza visible".
Finalmente, el Santo Padre pidió a los purpurados unirse con fuerza "a Cristo, piedra viva. Recomencemos desde El, desde Cristo, para anunciar a todos los prodigios de su amor. Sin temer y sin dudar, porque El nos asegura: '¡'Tened confianza, yo he vencido al mundo!".

Al final de la Misa, el Papa se trasladó al Aula Pablo VI, donde ante un numeroso grupo de peregrinos impartió la bendición apostólica y después del canto de la Salve se despidió.

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